jueves, 2 de septiembre de 2010

EL VISITANTE INESPERADO.




Hace cientos de años, en algún lugar de Europa oriental, vivían un hombre muy pobre y su esposa. Sus nombres eran Josef y Rebela, y su hogar, no mas que una casucha. Su única posesión era una escuálida vaca, de cuya leche y queso se alimentaban y obtenían ganancias.


Una tarde, poco antes del ocaso, Josef escucho que tocaban a la puerta. Cuando la abrió, quedo boquiabierto por la sorpresa.


Ante él se encontraba el hombre conocido como el mas grande cabalista del mundo, el Baal Shem Tov, ¨el maestro del nombre divino. Venia acompañado por unos alumnos, que respetuosamente permanecían detrás de él.


Hemos viajado todo el día y pronto será de noche - dijo el el Baal Shem Tov . ¿Podemos cenar contigo?.

- Claro, claro, - respondió Josef, haciéndose a un lado mientras el maestro y sus alumnos entraban a la choza.

- En ese momento, Rebeca, que estaba junto a la estufa, miro por encima de su hombro. La presencia del gran maestro la sorprendió y asusto un poco.

- -Muy bien - dijo el el Baal Shem Tov, mirando a su alrededor, pero tengo que decirte que después de nuestros viajes, a mis alumnos y a mi nos da mucha hambre. Nos gustarían algunos finos cortes de carne, verduras frescas y por supuesto un poco de buen vino.

- Tu puedes darnos esto ¿verdad?

- Josef dudo un momento, pero luego asintió con entusiasmo.

- ¡Oh, si, si! -dijo-. Este es un gran honor para nosotros y queremos darles todo lo que deseen. Solo permítame hablar con mi esposa un momento.

- El hombre y Rebeca se apartaron en una esquina de la habitación.

- - ¿Qué vamos hacer? - pregunto Rebeca ansiosamente. ¿Cómo vamos a darle a estos hombres lo que quieren?. No tenemos carne ni verduras y el vino que bebemos no es digno del Baal Shem Tov.

- Josef reflexiono un momento y dijo:

- - Solo hay una cosa que podemos hacer: tengo que vender la vaca para comprar comida. ¡No hay tiempo que perder!.

- Antes de que su esposa pudiera protestar, Josef salió por la puerta rápidamente.

- Menos de una hora después, Josef regresó con los alimentos que el Baal Shem Tov habia pedido y Rebeca se apresuro a prepararlos. Josef y Rebeca se sorprendieron al ver la manera en que el gran cabalista comía y comía, bebía y bebía. Tan pronto terminaba un plato, pedia otro.

- ¡Era como una maquina! Incluso sus alumnos estaban sorprendidos. Parecía que el Baal Shem Tovse había propuesto vaciar la despensa ¡ y eso era lo que estaba haciendo!

- Luego de pasar el ultimo bocado, el Baal Shem Tov hizo su silla hacia atrás y se puso de pie.

- ¡Estuvo delicioso! Les agradezco mucho - dijo -. Ahora que hemos recargado energías para el camino, nos retiramos.

- En un instante, él y sus alumnos se fueron tan de improviso como habían llegado.

- ¡Ahora si la hicimos buena! - dijo Rebeca cuando la puerta se cerro detrás de los visitantes. Ya no tenemos nada, ¡ni siquiera esa escuálida vaca!. ¿Qué vamos hacer Josef?.

- ¡Vamos a morir de hambre!

- Incapaz de ver llorar a su esposa, Josef abrió la puerta y salió a la helada noche.

- Pronto se encontró caminando por el bosque, totalmente perdido. ¿Cómo iba a resolver la terrible situación a la que él y Rebeca se enfrentaban?. Entonces, sin pensar, Josef cerro los ojos, cayo de rodillas y empezó a rezar. Rezo desde el fondo de su corazón, pidiendo todo lo que nunca había tenido, no solo él, también su esposa que había sufrido tanto.


- En ese instante, Josef escucho el crujido de unas ramas detrás de si, al abrir los ojos vio a una persona entrar tambaleante en el claro. Era un anciano, bien vestido pero despeinado, y que a toda luces había estado bebiendo. Cuando su mirada se cruzo con la de Josef, sus ojos brillaron de alegría.

- Me alegra tanto que haya alguien aquí - dijo el anciano arrastrando las palabras.

- No quiero morir solo.

- ¿Morir? - exclamo Josef poniéndose de pie. No vas a morir, solo has bebido demasiado.

- Pero tan pronto como Josef estiro la mano para estabilizar al anciano, éste dio un suspiro y cayo al suelo. Cuando Josef se arrodillo a su lado, el hombre le contó una historia sumamente triste.

- Era un hombre muy rico, pero a su familia lo único que le importaba era el dinero. De hecho, como buitres, solo estaban esperando que muriera para echar mano a su fortuna.

- Pero se van a llevar una sorpresa - dijo el anciano, sonriendo con amargura. No saben que he enterrado el tesoro en el bosque. ¡ No tendrán nada porque no merecen nada!

- Lamento que le haya ocurrido todo esto contesto Josef. Hace frío y necesita un lugar cálido para descansar.

- El anciano solo negó con la cabeza. Es demasiado tarde para eso - dijo - .

- Pero tu has sido muy amable conmigo. No me habían tratado asi en años, asi que voy a corresponder tu amabilidad. Mira...

- El anciano metió la mano en el bolsillo de su saco, pero súbitamente empezó a toser y sus ojos se cerraron. Josef se inclino rápidamente para ayudarlo, pero el hombre había muerto. Josef estaba mas asustado y confundido que nunca. Sin embargo, al mirar el cuerpo que estaba a su lado, vio que justo antes de morir el hombre había sacado un trozo de papel de su bolsillo. Josef lo tomo cuidadosamente y lo desdoblo. Para su sorpresa, era un mapa, y cuando siguio sus instrucciones descubrió un tesoro enterrado con las mas grandes riquezas que jamas hubiera imaginado.

- Pasaron cinco años. Un día, cuando el Baal Shem Tov y sus alumnos iban de nuevo por el camino, se cruzaron con un elegante carruaje que iba en dirección contraria.

- Cuando los alumnos vieron el carruaje se sorprendieron al ver al hombre pobre que se había esforzado por darles de cenar cinco años antes. A su lado estaba su esposa, y no solo daban la apariencia de ser acaudalados, sino de no tener preocupación alguna.

- Cuando los alumnos pidieron una explicación a su maestro, el Baal Shem Tov sonrio con serenidad, como si supiera que eso iba a ocurrir.

- Josef estaba destinado a la dicha y a la plenitud - dijo a sus alumnos -, pero nunca se le ocurrió pedir nada de lo que le estaba destinado. Para él hubiera sido bastante pasar el resto de su vida con su vaca escuálida. 

- Por eso tuve que ayudarlo a deshacerse de ella.


¨La única manera de alcanzar la dicha y la plenitud autenticas es convertirse en un ser generoso¨

fuente:
www.angeldelaguarda.com.ar



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