martes, 19 de junio de 2012

BELGRANO ¿ PORQUE LE HABREMOS PAGADO TAN MAL ? - UN POCO DE HISTORIA EN EL ANIVERSARIO DE SU MUERTE







Por Rolando Hanglin | Para LA NACION
Martes 19 de junio de 2012 

La palabra "tano" es una apócope de "napolitano", pero se emplea -en el habla familiar de Buenos Aires- para designar a cualquier italiano, de la región que fuese, y a los italianos en general. Del mismo modo que se ha establecido el "gallego" o "yoyega" o "gaita" para todos los españoles, sin distinción de provincias o autonomías.
Pero no se llama "tano" a cualquier persona de apellido italiano, porque en ese caso el apodo valdría casi para la mitad de los argentinos. Sólo se emplea para los nacidos en Italia, o para los hijos de un notorio italiano. Suele hablarse del "tano" Fulano y su hijo, "el tanito" Mengano. Cuando el hijo crece y se hace adulto, ya merece el apodo de "tano".
Este término coloquial es exclusivo de Buenos Aires, ya que en otras provincias de fuerte composición italiana se usa el "Gringo". Específicamente, en Santa Fe y Entre Ríos, para los "Gringos de las Chacras", que componen las tradicionales colonias agrícolas del Litoral, y son de origen italiano, suizo o alemán.
La palabra "Gringo" se utiliza en Cuba, Puerto Rico, Méjico y en la Florida para designar a los americanos de habla inglesa y sus costumbres. En Brasil, los "gringos" somos nosotros, los argentinos, en general. Y en España, donde el idioma se emplea con mayor propiedad, no se dice "gringo" sino "guiri", en referencia a los extranjeros del Norte. Por ejemplo: un italiano, un griego, un argentino, no son "guiris" pero sí cualquier alemán, inglés o sueco. En cambio, un francés sería corrientemente un "gabacho", que es como para nosotros decir "franchute".
La inmigración italiana en la Argentina es tan torrencial que apenas puede compararse con la del Uruguay, los Estados Unidos o Australia. Numerosos personajes, conocidos en todo el mundo y argentinos por excelencia, tienen origen italiano. Algunos: Ernesto Sábato, Arturo Frondizi, Lionel Messi, Juan Manuel Fangio, Roberto De Vicenzo, René Favaloro, Alfredo Di Stefano, Enrique Omar Sívori, Claudio Caniggia, Héctor Alterio, Valeria Mazza, los plásticos Berni, Castagnino y Soldi, Carlos Pellegrini, Alejandro Sabella, Carlos Bianchi, Martín De Michelis, Javier Pastore, Javier Mascherano...en fin. La lista sería interminable.
Conviene recordar que la presencia italiana en América es muy antigua. Empezando por Cristóforo Colombo, quien -hasta que se demuestre otra cosa- era genovés. Hubo también un virrey Bucarelli, pero también otros de origen no español como los virreyes don Ambrosio O´Higgins (padre irlandés del prócer chileno) y don Santiago de Liniers, militar francés que sirvió fielmente a España.
Durante aquellos tiempos de soltería, Manuel contrajo la sífilis. Esta enfermedad minaría su salud y lo llevaría a la muerte antes de cumplir 50
Pero puede considerarse que el primer "Tano" de estas tierras fue Domenico Belgrano Peri, nacido en Oneglia, en el golfo de Génova, que perteneció en sus tiempos al reino de Cerdeña. Domenico emigró a los 19 años, hacia 1749, y se radicó en Cádiz, ciudad española muy vinculada a las Indias (es decir, América española) que tenía 50 mil habitantes a mediados del siglo XVIII. Abundaban entre ellos los súbditos italianos y franceses, vinculados con el comercio atlántico. Funcionaban la Real Compañía de Guardiamarinas y el Real Colegio de Cirugía de la Armada. Estos detalles le daban un toque joven y estudiantil. La Casa de Contratación de Indias fue trasladada de Sevilla a Cádiz en 1717, con lo cual toda la ciudad -puerto de partida de las naves que iban o venían de América- adquirió un aire cosmopolita y americano. En los jardines -de base andaluza- se veían árboles de América como el ombú, el jacarandá, el drago, el ficus.
Allí ejerció el comercio el Sr. Belgrano Peri. En 1751, se embarcó hacia Buenos Aires (a bordo del navío El Poloni) junto a su primo don Angelo Castelli. Los dos tendrían hijos varones que pasarían a la historia como revolucionarios argentinos.
Belgrano salió de aquella Cádiz alegre y próspera, pero desembarcó en una Buenos Aires más bien pobretona. La ciudad, la famosa ciudad-puerto de la historia...¡No tenía puerto! Los barcos anclaban en pleno río de la Plata. De la nave se pasaba a unos botes de remo, y luego los pasajeros debían montar a caballo, para llegar hasta la orilla empapados, o amontonarse en unas carretas de ruedas altas. A veces, recorrían el tramo final arremangándose los pantalones y chapoteando en el agua barrosa, con los zapatos en la mano.
El caso es que, en aquella ciudad colonial, Doménico hizo una gran carrera, tanto en el comercio como en la milicia. Exportaba cueros, tejidos y lana, cerraba negocios con ciudades del Alto Perú, Chile, la propia Córdoba, Cádiz y puertos de Inglaterra y Brasil. Belgrano padre participó también del tráfico de esclavos africanos.
Tal vez habría cumplido ya los 35 años cuando se casó con una distinguida niña santiagueña: María Josefa González y Casero, de sólo quince años. Era la edad casadera de las mujeres de aquel tiempo. Aquella muchachita tuvo quince hijos, de los cuales sobrevivieron doce. Uno fue Manuel Belgrano, que murió soltero, aunque dejó descendencia.
Este número alucinante de hijos era de rigor: la hermana de Manuel, llamada María Josefa como su madre, se casó con el sevillano José María Calderón de la Barca, y tuvieron diez.
Belgrano fue de estudios desordenados y de gran inquietud
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació el 3 de junio de 1770, mientras su padre proseguía su exitosa gestión en los negocios y la milicia, bajo la protección del Virrey Pedro de Cevallos.
Belgrano fue al Nacional Buenos Aires, como solemos repetir con orgullo (un poco pavote, ya lo sabemos) los ex alumnos. En realidad, cursó una especie de secundario en el Real Colegio de San Carlos (predecesor del CNBA) que era una institución fundada por el Virrey Vértiz en 1783, sobre la base del Colegio de San Ignacio, que habían conducido los jesuitas, hasta su expulsión en 1767. Se regía por los planes de estudios ya vigentes en el Colegio de Montserrat de Córdoba, que si no me equivoco todavía existe.
Requisitos para ser admitido en el San Carlos: "Ser de primera clase, hijo legítimo, saber leer y escribir. Los padres debían ser cristianos viejos, limpios de toda mancha de sangre de judíos, moros, indios o penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición". Reglamentos del mismo tipo imperaban en España para cursar estudios, civiles o militares. Belgrano entró a los 14 años, en 1784, y vistió el uniforme obligatorio de los colegiales de entonces: una loba (especie de sotana de paño negro) con sobretodo color musgo, un sombrero negro de tres picos y cuello rojo con las armas reales bordadas en plata. Nada que ver con el atuendo actual de los alumnos del colegio. ¿Verdad?
Allí cursó tres años y luego viajó a España, con intención de estudiar en Salamanca, junto a su hermano Francisco José María. Pero, a pesar del apoyo de su padre, los certificados eran insuficientes. En su accidentado paso por las universidades, según afirma Miguel Angel de Marco en su notable biografía "Belgrano- Artífice de la Nación- Soldado de la Libertad", Belgrano presentó ante la Universidad de Valladolid un papel fraguado, atestiguando (con fecha 21 de junio de 1788) que Manuel estaba matriculado desde 1782, habiendo cursado, en doble turno, dos años de Filosofía y cuatro de Instituciones Civiles en la Universidad de Oviedo. Al parecer -dice De Marco- la práctica de la falsificación de estudios era frecuente, y hasta la había empleado un prócer de la Ilustración, don Gaspar Melchor de Jovellanos. En este certificado se omitían por completo sus estudios en Salamanca: dos años desprolijos.
El caso es que Belgrano obtuvo su certificado de bachiller en Leyes. Por aquel entonces, su padre Domenico había sido encarcelado, a causa de un negociado, en el Río de la Plata, que tardó en aclararse. Manuel, por su parte, solicitaba dispensa papal para leer libros prohibidos de la época: Malebranche, Adam Smith, Condillac.
Llegaron los años difíciles. Manuel vivía, con su hermano también estudiante, de a ratos en casa de su hermana y su cuñado Calderón de la Barca, en Madrid. Durante aquellos tiempos de soltería, Manuel contrajo la sífilis. Esta enfermedad minaría su salud y lo llevaría a la muerte antes de cumplir 50 años.
El litigio en defensa de su padre absorbió las energías de Manuel. Los papeles reunidos (explica a su madre en carta del 11 de agosto de 1790) "formaban un verdadero promontorio que iba y venía por las oficinas". Doña María Josefa González, a todo esto, se hacía cargo de sostener a su familia en Buenos Aires, asistir a su marido preso y ayudar a los dos hijos que vivían en España.
Belgrano fue de estudios desordenados y de gran inquietud: "Confieso que mi aplicación no la contraje tanto a la carrera que había ido a emprender, como al estudio de los idiomas vivos, de la economía política y el derecho público" (Autobiografía). Su madre ansiaba verlo con título de doctor en Leyes. Pero Manuel le respondió en una carta concluyente: "Definitivamente, renuncio a graduarme de doctor. Lo contemplo como una cosa inútil y un gasto superfluo. Además que, para ser abogado, me basta el grado que tengo, y la práctica que llevo adquirida". Y en carta a su padre, afirma en diciembre de 1790 que lo de doctor es "una patarata". (¿Un mamarracho?)
En 1790, Belgrano estaba en San Lorenzo del Escorial, litigando ante la corte para lograr el total desembargo de los bienes de su padre, que ya estaba en libertad y había vuelto a casa. Pero sin un peso. Manuel le escribe, feliz, que ha recibido autorización del papa Pío VI para leer libros prohibidos: "...la facultad de leer y conservar durante su vida todos y cualquiera libros de autores condenados, aunque sean heréticos, y en cualquier forma que estuviesen publicados, con tal de que los guarde para que no pasen a otras manos..." (14 de septiembre de 1790).
En enero de 1793, finalmente, Belgrano concurre a la Real Cancillería de Valladolid para demostrar que estaba en condiciones de realizar actividades forenses. Lo examinaron como abogado y lo aprobaron. Belgrano estaba en condiciones de poner bufete, cosa que nunca hizo. Pero volvió a Buenos Aires.
Un retrato espiritual de Belgrano: "Su inteligencia, su espíritu inquieto e impresionable, lo desanimaban con respecto a la asistencia sistemática a las aulas". (De Marco)
Viajó por España e Italia, cuya lengua hablaba a la perfección. Soñó con ocupar alguna secretaría de Embajada, pero no pudo ser. El certificado presentado a la Universidad de Valladolid lo describe, en 1789, como "natural de la ciudad de Buenos Aires, de 19 años de edad, poco más o menos pelo rojo y ojos castaños". Se distinguía por su porte extranjero, de maneras cultas y refinadas, que le permitían frecuentar los principales salones.
Evidentemente, era un hijo de padres ricos. Vivió su juventud como un torbellino y se guió por las ideas de su generación: "Como en la época de 1789 me hallaba en España y la Revolución de Francia hiciese también la variación de ideas, sobre todo en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos que impedían al hombre disfrutar de sus derechos". Un liberal revolucionario.
Aquel muchacho vuelve a Buenos Aires en marzo de 1794. Así lo describe Bartolomé Mitre: "Joven, rico y de buena presencia, todas las puertas se le abrían. El prestigio de un viaje al Viejo Mundo, su instrucción variada, sus conocimientos de música, su título de abogado, sus maneras afables y cultas, le dieron un lugar distinguido en la sociedad. Se relacionó con los jóvenes más inteligentes de la época. Especialmente con Castelli, a quien transmitió su gusto por los estudios económicos".
El prestigio de un viaje al Viejo Mundo, su instrucción variada, sus conocimientos de música, su título de abogado, sus maneras afables y cultas, le dieron un lugar distinguido en la sociedad
En los años subsiguientes, Belgrano será funcionario de la Corona Española (en el Consulado, donde llegó a ser secretario) y llorará de impotencia al producirse las Invasión Inglesa de 1806. Sus quince años en el Consulado le permitieron trazar un perfil estadístico y económico del Virreinato. Estudió y publicó en el Anuario las características de la educación, la agricultura, la producción pecuaria, las fronteras, el comercio. Hacia 1806-1807, ya había realizado un amplio examen técnico del Río de la Plata y un pre-programa de gobierno.
Por lo general, se conoce que Belgrano participó del movimiento de 1810, que integró los distintos gobiernos iniciales, y que debió improvisarse como militar. En estos tiempos, mantuvo un exquisito diálogo con el general San Martín, a quien Belgrano sugería suavemente que respetara las formas de la religión católica y las creencias del pueblo, muy especialmente la devoción por la Virgen.
Belgrano fue un católico profundo, a la vez que testigo de la Revolución Francesa con su guillotina y sus desbordes, y lector extasiado de Adam Smith en la "Riqueza de las Naciones".
Uno de los momentos más dramáticos, en la vida de Belgrano, se produce cuando llegan a Buenos Aires las noticias de una conspiración tramada en Córdoba por algunas personalidades de orientación monárquica. Las encabeza, nada menos, Santiago Liniers, el ex virrey, que se encontraba teóricamente retirado y atendiendo un campo de su propiedad, junto al gobernador Juan Gutiérrez de la Concha y el obispo Rodrigo Antonio de Orellana, más otros vecinos destacados. Se proponían resistir a la revolución, con ayuda de unos mil milicianos, a los que habían convocado junto a distintos jefes militares y políticos: el coronel Santiago Allende, el teniente de gobernador Victorino Rodríguez y el secretario Joaquín Moreno, entre otros.
Corría el año 1810. Era el momento de consolidar el movimiento revolucionario o dejarlo languidecer. La reacción ante el "cabildazo" de Buenos Aires era muy desabrida en ciudades como Córdoba, Montevideo, Asunción del Paraguay...¡Y ni hablar de la rica y monárquica Lima, la ciudad del oro, los marqueses y la inquisición!
La Primera Junta, con la firma de todos sus miembros, excepto Alberti por su condición de sacerdote, resuelve que todos los contrarrevolucionarios sean "arcabuceados". Saavedra, como Belgrano y Castelli, había compartido con Liniers la Reconquista de Buenos Aires. Todos ellos le tenían gran aprecio. Seguramente, fue un momento terrible. Tal vez lo fue menos para Moreno, Larrea y Matheu, que venían del partido de Alzaga. Este último, en realidad, también moriría ejecutado poco después. El caso es que la decisión se tomó, y constituyó el punto de no retorno de los revolucionarios.
La ejecución de Liniers y los suyos, para colmo, fue tortuosa. Al recibir la orden, el 10 de agosto, el coronel Antonio Ortiz de Ocampo se negó a cumplirla. Mandó los prisioneros a Buenos Aires, para que Moreno se hiciera cargo. Este recibió la noticia y, furioso, repitió la orden de "arcabucearlos". El 26 de agosto, cuando asistían a la misa que celebraba Monseñor Orellana (otro conjurado) en la capilla de Cruz Alta, fueron prendidos y trasladados a Chañar de los Loros. Allí, el miembro de la Junta Juan José Castelli les leyó la sentencia.
Moreno había escrito a Castelli: "Espero que no incurrirá en la misma debilidad que nuestro general; si todavía no cumpliese la determinación, irá Larrea, y por último iré yo mismo si fuese necesario".
Dicen algunos contemporáneos que ningún soldado criollo aceptó integrar el pelotón de fusilamiento, por la sencilla razón de que Liniers era el héroe de la Reconquista, amado en todo el país. Fue preciso convocar a desertores irlandeses, de los muchos que se habían alistado en 1806-1807, y que siendo gringos no trepidaban ante el prestigio de Liniers. Colofón: todos fusilados, salvo el obispo, quien fue remitido preso a Luján. Agregan los testigos que el tiro de gracia -triste privilegio- lo efectuó el coronel Domingo French.
En este episodio, muchos historiadores han visto la mano de Moreno, el integrante más "jacobino" o "arrebatado" de la Junta, porteño de sólo 31 años. Los otros integrantes eran: el coronel Miguel de Azcuénaga (56) porteño; don Cornelio Saavedra (50) nacido en Potosí, a quien frecuentemente se supone militar, pero era doctor en Filosofía y Teología; el doctor Juan José Paso (52) porteño; el presbítero doctor Manuel Alberti (47) porteño, el comerciante Domingo Matheu (44) español de Cataluña; el bachiller Manuel Belgrano (39), porteño y luego los dos más jóvenes: el doctor en Leyes y periodista Mariano Moreno (31), porteño, y el comerciante Juan Larrea (28), también catalán. Es decir: había dos españoles y un cura en aquella comisión.
Los distintos miembros del organismo colectivo representaban a varios sectores de interés y opinión. Entre el conservadorismo de Saavedra, que sólo había aceptado el cargo para "contribuir a la tranquilidad pública", pidiendo respeto y aprecio por el expulsado Virrey Cisneros, y el fuego autoritario de Moreno, funcionaba como moderador y articulador el bachiller Belgrano, secundado por su pariente Juan José Castelli.
Las cosas se iban a poner más difíciles para los españoles europeos en los meses siguientes. Se leen, por ejemplo, en un pliego de órdenes las siguientes instrucciones: "En todo el territorio que recorra, todo europeo que no reúna las cualidades de casado, con hijos y bienes raíces, será trasladado inmediatamente a Santa Fé". Otra orden jacobina de Moreno: "Es necesario purgar el territorio de todo europeo".
El 4 de septiembre de 1810, la junta designa a Belgrano general en jefe de las tropas que debían cruzar a la banda oriental, para doblegar la resistencia de Montevideo, y termina encabezando la expedición al Paraguay, cuando en su vida no había hecho otra cosa que estudiar leyes o economía política, y redactar artículos sobre negocios y educación en el Correo de Comercio.
Soltero, hijo de ricos, talentoso, soldado de fortuna, triunfador, todavía joven...murió pobre e ignorado por sus compatriotas
Una linda estampa de Belgrano: "El general era de regular estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, color muy blanco, algo rosado, sin barba. Tenía una fístula bajo un ojo, que no lo desfiguraba, pues era casi imperceptible. Su cara era más bien de alemán que de porteño. No se lo podía acompañar por la calle, porque su andar era casi corriendo. No dormía más que tres o cuatro horas. A medianoche montaba a caballo y salía de ronda, a observar su ejército, acompañado sólo de un ordenanza. Era tal la abnegación con que este hombre extraordinario se entregó a la libertad de su patria, que no tenía un momento de reposo. Nunca buscaba su comodidad; con el mismo placer se acostaba en el suelo o en una mullida cama".
Y después: "Honrado, desinteresado, recto, perseguía el robo y el juego en el Ejército. No permitía que se le robara un solo peso al Estado". (José Celedonio Balbín, "Documentos del Archivo de Belgrano").
Evidentemente, el alma de este hombre había cambiado vertiginosamente. En su juventud, aquel chico que lo tenía todo, fue idealista, desordenado, soñador. En la madurez, un fanático del orden y la seriedad.

Belgrano murió el 20 de junio de 1820 (año de caos) y al entrar en agonía pagó sus honorarios al médico inglés Joseph Redhead, con un reloj de oro de su propiedad. Otro médico, también británico, el Dr. John Sullivan, ayudó a amortajar el cuerpo, que fue enterrado en el atrio de la Iglesia de Santo Domingo.
Hay muchas otras cosas que contar. Por ejemplo, la vida y filiación de don Pedro Rosas y Belgrano. Pero para conocer mejor a este extraordinario "tano" (¡El primero!) mejor será acudir a la obra de Mitre, la del doctor Miguel de Marco (miembro honorario del Instituto Nacional Belgraniano) o el periodista e historiador Daniel Balmaceda. Y quedan sin contarse las historias de Vilcapugio y Ayohuma, el éxodo jujeño, las destituciones ingratas que sufrió don Manuel, sus gestiones diplomáticas en Europa, la creación de la bandera, la constante donación de sus sueldos, libros y bienes personales.
Pero sobre todo, ese misterio desconcertante: soltero, hijo de ricos, talentoso, soldado de fortuna, triunfador, todavía joven...murió pobre e ignorado por sus compatriotas. Lo dio todo por su país en una época de convulsiones.
¿Por qué le habremos pagado tan mal?.

SUPERAR NUESTROS MIEDOS


Luna nueva de Cáncer: Superar nuestros miedos

Esta semana, entramos en el mes de Cáncer, un mes que nos trae oportunidades especiales para crecer espiritualmente y transformar nuestras vidas. En términos kabbalísticos, sabemos que cada uno de nosotros está influenciado por la energía de cada mes, incluso si no hemos nacido en el mismo. Esto significa que, aunque seamos un Tauro o un Leo o un Escorpio, seremos influenciados por la energía del mes de Cáncer, primero, porque esta es la energía disponible ahora mismo, y segundo, porque todos tenemos un pedacito de cada uno de los doce signos del Zodiaco.

El mes de Cáncer es gobernado por la Luna. Como probablemente sabes, la luna no tiene luz propia. La luz que vemos en la luna es simplemente un reflejo de la luz del sol. De acuerdo a los kabbalistas, los seres humanos somos muy similares a la luna en este sentido porque los seres humanos (la luna) somos vasijas creadas para recibir la Luz del Creador (la luz del sol) Desde el momento en el que despertamos hasta el momento en el que vamos a dormir, estamos casi siempre dirigidos por el deseo de recibir. Digo “casi” porque cuando nacemos, a cada uno de nosotros también se nos dio una chispa del Creador, la cual es parte de nosotros. La única manera en la que podemos convertirnos en la persona que se supone que seamos es al encender esta chispa, y al hacerlo, tomar aquello que es negativo (la negatividad que está dentro de nosotros y la negatividad posible del ambiente en el que nacimos) y transformarlo en Luz por medio de nuestro propio trabajo y esfuerzo.
También sabemos que Cáncer es un signo de agua y, como tal, es uno de los signos más emocionales del Zodiaco. El agua de Cáncer es poderosa: el colchón emocional (como el líquido amniótico) por medio de la cual la vida se manifiesta. 
   
Por una parte esta emotividad hace de los Cáncer extremos, amorosos, cálidos y empáticos hacia otros. La familia y los amigos son extremadamente importantes para ellos. Por otra parte, sin embargo, esta fuerte naturaleza emocional puede a veces guiar a los Cáncer a tener dificultades al lidiar con los miedos, dado que el miedo puede estimular nuestras emociones. A veces los miedos del Cáncer son fundados y otras veces no. El desafío de este mes para todos nosotros, no sólo para los Cáncer, es reconocer cómo y dónde nuestros miedos y las emociones que los acompañan nos están bloqueando de dar el salto hacia nuestras metas. ¿Tenemos miedo de que las personas no nos quieran? ¿De que no seremos aceptados? ¿Tenemos miedo de que no podamos hacer lo que queremos? Los Cáncer tienden a caer en la nostalgia muy fácilmente. ¿Por qué? Porque puede ser más cómodo vivir en el pasado que enfrentar la incertidumbre que acompaña el futuro. El pasado es conocido en un 100%. El problema es que si permanecemos atascados en el pasado, no podemos movernos hacia delante para lograr el propósito de nuestras vidas.

El cangrejo, el cual es el signo de Cáncer, camina de lado. Esta es a menudo la forma en la que los Cáncer tienden a caminar a través de la vida: temerosos de enfrentar las circunstancias que los esperan. ¿Pero sabes qué? Vi un hermoso documental recientemente que mostraba como los cangrejos pueden viajar a través del lecho marino si están juntos los unos con otros, conectados los unos a los otros. De esta manera, forman una línea que los une a través del océano hasta el próximo destino.

Para nosotros, esta es una poderosa lección. Cuando podemos encontrar la unidad con otros, cuando podemos ver la chispa del Creador que existe en la otra persona, entonces a pesar de nuestras dificultades y diferencias, no existe océano que no podamos cruzar juntos, sin importar cuán incierto pueda parecer el camino.

domingo, 17 de junio de 2012

SEMILLAS DEL AYER - AFINACION SEMANAL


Semillas del ayer

Del 17 al 23 de junio de 2012

Resulta peculiar observar cómo la ciencia siempre acaba alcanzando a la Kabbalah. Muchos avances tecnológicos y científicos descubiertos durante las últimas seis décadas fueron enseñados, discutidos y escritos por los maestros de nuestro maestro.

Si le dijeras a un científico noventa años atrás que una mariposa aleteando inicia un efecto dominó que puede provocar un tornado en una parte distinta del mundo, probablemente te miraría como su estuvieras loco. Hoy en día, la ciencia lo llama la Teoría del Caos.

Pero esté probada o no, la idea de que la acción más pequeña puede crear un impacto en el mundo todavía resulta difícil de creer. Quizá seamos un poco egoístas en nuestra carrera profesional, y permanezcamos en nuestros trabajos fundamentalmente motivados por lo que obtenemos de éstos. Luego, de repente, hay problemas en nuestras relaciones en casa o con un amigo, y pensamos: "¡Esto no es culpa mía!".

Somos buenos compartimentando nuestras vidas, pensando que la forma en que nos comportamos en un área no tiene ningún efecto en la otra, pero la verdad es que en el reino espiritual no hay compartimentos. La ilusión de fragmentación sólo existe en la dimensión física. Todo está conectado.

Esto es algo difícil de aceptar, pero la Luz nos asegura que vivimos en un sistema verdadero y justo. El problema es que cuando vienen los problemas, nos resulta casi imposible conectar los puntos. El sistema fue creado para que podamos tener una oportunidad en la que basar nuestra certeza en la Luz y no en nuestros cinco sentidos.

Podemos mejorar nuestra capacidad para detectar la Ley Espiritual de Causa y Efecto en funcionamiento si mantenemos la conciencia de que en cada momento estamos plantando una semilla. Plantar semillas de egoísmo, celos o impaciencia nos traerá finalmente dificultades y conflictos. En cambio, plantar semillas con actos de compartir, tolerancia y amor incondicional... nos traerá plenitud.

Esta semana intentemos ser más conscientes de lo que estamos entregando al universo.

Aun las acciones de bondad más pequeñas pueden crear mucho amor en el mundo.


Todo lo mejor,

Yehuda

jueves, 14 de junio de 2012

SOMOS SERES ESPIRITUALES VIVIENDO UNA EXPERIENCIA HUMANA ( Brian Weiss)

"Jung se anticipó a su tiempo: comprendía lo misterioso, lo espiritual, lo intuitivo", dice Weiss.

Por Ignacio Escribano


Hasta que esa extraña idea de la regresión a las vidas pasadas se le metió en la cabeza, Brian Weiss era, según los rígidos cánones academicistas, occidentales y machistas, un hijo soñado. El alumno perfecto. Un ciudadano modelo. El profesional envidiado por el resto de sus colegas.
Graduado magna cum laude en la Escuela de Medicina de la Universidad de Columbia, con un posgrado en la Universidad de Yale, Weiss fue uno de los jefes de psiquiatría más jóvenes del prestigioso hospital Mount Sinai, de Miami.
A simple vista, hay que admitirlo, es todo un catedrático. No obstante, cuando el diálogo cobra vida y entra en acción, sus modales, que han olvidado la solemnidad absurda pero que conservan la cortesía y el refinamiento, invitan a que uno se olvide por completo de que se está frente al controvertido doctor de trascendencia internacional, que decidió suspender la lista de espera de su consultorio cuando ésta ya superaba los cinco años.
“Era poco sensato planificar una visita médica con tanta anticipación”, aclara el autor de best sellers como Lazos de amor, El mensaje de los sabios o A través del tiempo, con millones de copias vendidas en todo el mundo.
Weiss, de 59 años, casado con su eterna Carole y dos hijos, no se comporta con la arrogancia de sus diplomas. Sin necesidad de fruncir de ceño en señal de jactancia, sus observaciones inspiran, acaso más por la sensibilidad que por la agudeza de las mismas, un respeto próximo al afecto.
“He recorrido un largo camino desde el día en que, médico de formación clásica, profesor de psiquiatría y escéptico empedernido, me di cuenta de que la vida humana es algo más maravilloso y profundo de lo que me había hecho creer incluso mi rigurosa formación médica”, cuenta este hombre que, si bien ha sido bautizado como el gurú de la reencarnación en Occidente, aún conserva la vestimenta arquetípica del académico contemporáneo: la camisa tiesa, abotonada casi hasta el tope, un discreto chalequito de fina trama y los pantalones pinzados que se prolongan en un reluciente par de zapatos náuticos. Todo eso, claro, en perfecta armonía con el puntilloso corte de pelo y los inexorables lentes de diseño italiano.
Su mensaje, certero como un rayo, saldrá disparado reiteradamente en dirección opuesta al del tradicional discurso cientificista: “Si una persona evoluciona en un ser más cariñoso, más compasivo y menos violento, es que ha tomado la dirección adecuada. Y aquí, lo que importa, no es la velocidad sino la dirección del camino que se elige.”
De temperamento decididamente sosegado, su semblante parece imperturbable. “Estuve meditando esta mañana”, confiesa Weiss, como develando un secreto.
Más seguidor de Carl Jung que de Sigmund Freud, a pesar de que utiliza muchas técnicas del maestro vienés en sus tratamientos -la hipnosis, por ejemplo-, advierte que las psicoterapias, al no tener raíces espirituales, no sirven para liberar la verdadera naturaleza de los seres humanos.
Y convencido de que cada vez que creamos grupos, nosotros y ustedes, estamos generando violencia, potencialmente, recuerda que sólo existe un grupo: el espíritu humano.
“Todo está conectado. Las almas no tienen raza, religión, sexo o nacionalidad; son almas, una forma pura de energía amorosa. Tenemos que aprender esto y enseñárselo a los chicos”, propone, apoyándose en una cita del místico cristiano Pierre Teilhard de Chardin: “No somos seres humanos atravesando una experiencia espiritual; somos seres espirituales viviendo una experiencia humana”.
Según su experiencia, la psicología sólo funciona si el terapeuta logra conectarse con el paciente en un plano de verdadero afecto. “Lo que cura -insiste Weiss- es la relación, no la técnica.” Y resalta: “Puede que Freud no considerase sus teorías definitivas, pero para sus discípulos son dogmas de fe. Jung, en cambio, era un inconformista que se anticipó a su tiempo; comprendía lo misterioso, lo espiritual, lo intuitivo, pero lo rodeaban personas ávidas de dogmas.”

-En sus libros, usted también suele hablar de la intuición, algo que casi hemos olvidado de utilizar en nuestra vida diaria.
-La arremetida contra la mente comienza desde que somos muy pequeños. Se nos educa con valores familiares, sociales, culturales y religiosos que reprimen nuestros conocimientos innatos. Y si nos resistimos a esa acometida, se nos amenaza con el miedo, la culpa, el ridículo, la crítica y la humillación. O, también, pueden acecharnos el ostracismo, la retirada del amor o los abusos físicos y emocionales. Nuestros padres y profesores, nuestra sociedad y cultura pueden enseñarnos falsedades peligrosas. Y a menudo lo hacen. El mundo actual es una clara prueba de ello, pues se encamina a tropiezos y golpes, imprudentemente, hacia una destrucción irreversible. Pero si se lo permitimos, los chicos pueden enseñarnos la salida.
-¿Es cierto que las mujeres son más intuitivas que los hombres?
-Es así, están más abiertas a todos estos conceptos: espiritualidad, inspiración... Las madres siempre se han basado en su intuición. Por eso, creo que los científicos de hoy están equivocados. Si la ciencia y la tecnología, que se nos están escapando de las manos, no comienzan a desarrollarse en el contexto de nuestra sabiduría intuitiva, entonces estamos frente a un peligro. Porque, mal empleados, pueden destruir el mundo.
-¿Y por qué cree que a la comunidad científica le cueste tanto aceptar esas facultades que todos llevamos dentro?
-Porque existe un descreimiento generalizado sobre todo aquello que no puede verse o demostrarse por métodos científicos convencionales. Y eso está mal, es erróneo. Nos enseñaron que todo eso es supersticioso, o no científico, o inferior. Y no es así. Tenemos sentidos más allá de los cinco sentidos. Y uno de ellos es la intuición. No sólo en el arte, los grandes descubrimientos científicos también surgen intuitivamente, y no necesariamente desde de la lógica pura. El mismo Einstein lo decía. Tiene que haber un balance entre lo racional y lo intuitivo. Algo que, en mi caso, tardó años en llegar. Hasta que conocí a Catherine. Además, para recuperar ese equilibrio, no podemos olvidar que el amor es el componente fundamental de la naturaleza, que conecta y une a todas las cosas y las personas. Y la energía del amor es, en potencia, más fuerte que cualquier bomba y más sutil que cualquier hierba. Lo que sucede es que aún no hemos aprendido a aprovechar esa energía tan básica y tan pura.
-¿Podríamos decir, entonces, que intuición y poesía son casi sinónimos?
-Sin duda están emparentados. Los griegos hablaban de las musas. Los poetas, los músicos y los artistas en general trabajan mejor cuando se dejan llevar por el cerebro derecho, es decir, por la intuición, lo espiritual, lo no lineal; y no siempre ocurre lo mismo cuando se guían por el cerebro izquierdo, el lógico, el racional. Le hemos dado una excesiva importancia a la razón, a un punto tal que casi hemos negado nuestra intuición, que era, precisamente, el sentido predominante del hombre.
Cuando conoció a Catherine, la paciente cuya historia se cuenta en su primer libro Muchas vidas, muchos maestros, Weiss ya había publicado más de cuarenta trabajos científicos y colaboraciones en publicaciones médicas, y había adquirido reconocimiento internacional en psicofarmacología y química cerebral. Con voz tenue, explica que durante más de un año había intentado aliviar los ataques de pánico de su paciente por medios de técnicas psiquiátricas convencionales hasta que, durante una sesión de hipnosis, bien freudiana, todo cambió.
La memoria de Catherine, en lugar de revolver por los cajones de su infancia, fue incluso mucho más lejos de lo que un escritor de cuentos fantásticos hubiera imaginado jamás: Catherine, ese mojón fosforescente en el camino de Weiss, se vio a sí misma, en otro cuerpo, 4.000 años atrás.
“Como hasta ese día era totalmente incrédulo a todos aquellos campos faltos de rigor científico, como la parapsicología, y además no sabía nada sobre las vidas pasadas o la reencarnación, ni me interesaba saberlo, al principio no consideré la vivencia de Catherine como un regresión -explica Weiss-. De todas formas, continuamos con la hipnosis en las sesiones siguientes porque notaba una clara mejoría en sus síntomas.”
A partir de entones, Weiss comenzó a investigar y a documentarse sobre el tema durante 15 largos años de silencio profesional. “Sabía que con tan sólo inferir algo, mis colegas me tomarían por demente”, recuerda, esbozando una sonrisa con un leve toque de picardía.
Pero cuando por enésima vez se convenció de que sus hallazgos eran efectivamente ciertos, decidió publicar, no sin un cierto grado de resquemor, cada detalle de las regresiones de sus pacientes. Y de las propias.
-¿Cómo definiría a la reencarnación?
-Es el concepto de que poseemos un alma inmortal, que puede llamársele también conciencia o espíritu, que abandona nuestro cuerpo en el momento de la muerte física para luego renacer en una nueva criatura para continuar en esa nueva vida con las lecciones que eventualmente la lleven a una realización espiritual plena.
-¿Y realmente cree que la realización espiritual plena sea posible?
-Sí. Lo que ocurre es que nuestros valores están todos revueltos, desordenados. Nos preocupamos demasiado por la impresión que le causamos a los demás o sobre cuánto dinero tenemos. Y todo eso es un tremendo error. Porque la felicidad viene desde adentro de uno. De saber disfrutar el momento presente. Sabemos que el amor puede curar, y que el estrés puede matar. Pero poco hacemos para aliviar nuestra mente. No es necesario ser rico para ser feliz. En mi consultorio he atendido infinidad de gente increíblemente rica, pero infelices. Y su tristeza se disipaba cuando comenzaban a cultivar sus valores humanos, a preocuparse por los demás.
Estamos atrapados en las preocupaciones de nuestra mente sobre el futuro, o lamentando el pasado. Aunque somos conscientes de que ni los lamentos ni las preocupaciones pueden modificar ni el pasado ni mejorar el futuro. Una cosa es planear, organizarse, eso está bien. Pero no preocuparse. Ese sentimiento se ha vuelto un hábito de lo más negativo. Lo mismo que con el pasado. Hay personas que se la pasan rumiando sobre sus errores, preguntándose una y otra vez por qué no hice esto o aquello.
-¿No cree que las psicoterapias pueden caer en ese rumiar constante, que termina volviéndose negativo?
-Entiendo que este no es puntualmente un tema sencillo. Es bueno ver el pasado y reconocerlo. Pero es cierto también que ese proceso, que puede ser muy doloroso, tiene un límite. Lo que yo le digo a mis pacientes es que aprendan de su pasado y que luego déjenlo ir. Ahora esté aquí, en el momento presente, que es el único lugar en el que va a encontrar la felicidad. Si seguimos varados en el pasado jamás seremos felices. Eso les digo.
-Entre tanto dolor y sensación de soledad, los psicofármacos son presentados como la solución a los problemas existenciales del hombre moderno.
-Existen muchas razones que explican ese fenómeno. La propaganda y la presión de la industria farmacéutica es enorme. Y, además, persuaden a los médicos para que receten sus productos de maneras subrepticias y a veces no tan solapadamente. Por otra parte, la tendencia de las universidades es a enseñar cada vez más a que el tratamiento pasa por la medicación. Pero sabemos que con las pastillas no alcanza. Porque cada depresión, ansiedad o cualquier síntoma, forma parte de un cuadro holístico, donde intervienen la mente, el cuerpo y el espíritu.
Las pastillas son una opción que no tienen por qué contraponerse con otras formas curativas. Pero de nada sirven sin la compasión y el entendimiento de que esa persona que está sufriendo es una ser humano y no un sistema bioquímico con bajos niveles de cierta sustancia. Y en algunos casos, aún siendo compasivo y con un buen tratamiento ni siquiera es necesario recurrir a la medicación. O, si se receta, se hace por menos tiempo y con dosis más bajas.
 -¿Cuál es la crítica más dura que tiene para hacerle a los médicos que ejercen la medicina “tradicional”?
-Bueno, generalmente son ellos los que me critican a mí.
-Bueno, a cada cual su turno. Pero con espíritu constructivo.
-Mi principal crítica es que los médicos necesitan abrir más su corazón y darse cuenta de que son sanadores. Y para eso, es preciso estar conectado intuitivamente con cada paciente, tener compasión y preocuparse sinceramente por esa otra persona. Y esto es bueno no sólo para el paciente, los médicos se sentirán mucho más satisfechos también. El paciente no es un hígado, un corazón o una vesícula. Les recordaría a los médicos que cada paciente es un ser humano, un alma al que deben acercarse con compasión y con el corazón abierto.

Dos preguntas más
 -¿Cómo definiría las almas gemelas (soul mate)?
-Por empezar, tenemos más de una. Y por eso almas gemelas no es imperiosamente un término romántico. Es gente con la que hemos vivido en otras vidas, y existe una forma de reconocimiento de sus almas que nos parecen familiares. O en la mirada, o al tocar las manos, ciertas cosas que nos hacen acordar. Un alma gemela no significa alguien con quien vamos a compartir el resto de nuestra vida. A veces, se trata de una persona que se cruza en camino tal vez por uno o dos meses solamente, pero su sola presencia nos ayuda a cambiar nuestras vidas y a evolucionar. Creo que en una dimensión mayor estamos conectados a cada una de las almas del planeta, e incluso de más allá. Todos estamos interconectados. Pero a la vez existen pequeños grupos de familias de almas, gente que ha vivido junta en varias ocasiones. Y a eso llamo almas gemelas. Este no es el único lugar o planeta donde existen almas. Existen también otras dimensiones donde también viven almas; los físicos están escribiendo sobre este tema.
-¿A su esposa Carole ya la conocía de otras vidas?
-Sí. A pesar de que nunca me encontré con ella en las regresiones. Sí, en cambio, encontré a mi hijo en una de mis propias regresiones. Pero sé, y ella también, que ya habíamos estado juntos antes. Nos conocimos de muy jóvenes; yo tenía 18 años y ella 17. Fue instantáneo. Ninguno de los dos estaba buscando una relación seria, éramos los dos todavía muy jóvenes. Si mi hija, que ahora tiene 22 años, hubiera tenido una relación tan seria como la mía cuando yo tenía 17 años, le hubiera dicho todavía eres una niña. En mi caso, y en el de mi mujer, fue algo muy especial, de reconocimiento, el sentido de familiaridad, de conexión, podíamos terminar las oraciones que el otro estaba diciendo, compartíamos los pensamientos... Yo no tenía ni idea de qué se trataba todo eso en aquel entonces, sólo sabía que era muy fuerte. Hasta que años más tarde, comprendí. Ahora sé de qué se trataba, y se trata, todo eso. Así que no tengo que hallarla en mis regresiones. Sé que somos el uno para el otro.

Fuente
www.igooh.com/notas

martes, 12 de junio de 2012

EL TERCER ACTO DE LA VIDA - JANE FONDA

En esta generación, se han añadido 30 años más a nuestra esperanza de vida y estos años no son solo un detalle o una patología. 
En TEDxWomen, Jane Fonda se pregunta cómo podemos ver esta nueva etapa de nuestras vidas. Este video es válido para mujeres y hombres , que no se rinden ante los años y continúan la búsqueda del desrrollo espiritual.
RM Fernando.